VISÍTANOS

Sé bienvenido a la Primera Iglesia Evangélica Bautista de Madrid, más familiarmente conocida como la Iglesia de Lacy.

iglesia Lacy llena

Somos una comunidad de fe en la que Jesús, el Hijo de Dios, es honrado como Señor y Salvador, donde confiamos que el Espíritu Santo actúa en cada persona para guiar su vida hacia la única verdad que es Jesucristo y donde creemos en Dios como creador y sustentador del Universo.

Las Sagradas Escrituras, La Biblia, son nuestra norma de conducta y fe; creemos que su conocimiento y estudio nos hace conocedores de la voluntad de Dios para nuestras vidas, y su aplicación en el día a día nos proporciona seguridad y confianza.

Nuestra Iglesia está abierta a todas las personas, sin discriminación por su edad, sexo, raza ó cultura.

En ella alabamos y adoramos a Nuestro Dios como hermanos; además, la iglesia ofrece la oportunidad de servir a los demás y desarrollar los dones, talentos y capacidades del individuo, en el espíritu de libertad que nos da el Señor.

Nos mueven los grandes retos que nos presentó Jesús: la Gran Comisión, «Id por todo el mundo y predicar el evangelio a toda Criatura» y en el Gran Mandamiento, «Ama a Dios sobre todas las cosas y a tú prójimo como a ti mismo». (Marcos 16:15-16, Mateo 25:31-46, Mateo 28:18-20).

Por todo ello, queremos invitarte a visitarnos, a participar en nuestros cultos y en las actividades de nuestra comunidad, para poder conocernos y enriquecernos mutuamente.

ACTIVIDADES SEMANALES

  • DOMINGO
    – 11:00 Culto congregacional
    – 12:15 Escuela Dominical
    – 13:00 Aperitivo solidario
    – 18:30 Culto de Adoración
  • MARTES
    – 18:00 Reparto de alimentos y ropa (Cada 15 días)

  • MIÉRCOLES
    – 18:00 Jornada de puertas abiertas

  • JUEVES

    – 16:00 Taller de costura
    – 19:00 Culto de oración

  • SÁBADO
    – 12:00 Jornada de puertas abiertas
    – 18:00 Reunión del grupo de Adolescentes (Cada 15 días)
    – 19:00 Reunión del grupo de Jóvenes

QUÉ CREEMOS

En primer lugar hemos de decir que la autoridad para fundamentar lo que se cree, no reside en ningún credo, ni confesión de fe, sino en la Palabra de Dios.
Una declaración de fe bautista representa el consenso de lo que cree un grupo que se identifica por ese nombre. El porqué de las doctrina que nos son comunes, está en la fuente única de donde proceden: La Santa Biblia.

Creemos que la Santa Biblia fue escrita por hombres divinamente inspirados; que tiene a Dios por autor, por objeto, la salvación, y por contenido, la verdad sin mezcla de error; que revela los principios conforme a los cuales Dios nos juzgará; y que constituye la norma suprema sobre las conductas, creencias y opiniones de los hombres.
Creemos que, de acuerdo con las Sagradas Escrituras, hay un único Dios, vivo y verdadero, creador del cielo y de la tierra y de todo lo que en ellos hay, con existencia propia, o sea, no creado. Dios, según su propia naturaleza, es eterno, omnisciente, omnipresente y omnipotente. Dios es amor, es justo y es santo, un solo Dios en tres personas distintas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, coeternos e iguales en perfección divina, pero con distintos cometidos en la redención de la humanidad, y perfectamente unidos en un solo ser.

DIOS EL PADRE: Dios, como Padre, reina con cuidado providencial en su universo, en sus criaturas y en la historia humana, según los propósitos de su gracia. Dios es verdaderamente Padre de todos aquellos que llegan a ser sus hijos por medio de la fe en Cristo Jesús.

DIOS EL HIJO: Cristo es el Hijo eterno de Dios. En su encarnación como Jesús de Nazaret fue concebido del Espíritu Santo y nacido de la virgen María. Jesús reveló y cumplió plenamente la voluntad del Padre. Se hizo completamente hombre, mas nunca cometió pecado. Honró la ley divina con su obediencia personal, y con su muerte en la cruz proveyó la redención del hombre. Fue levantado de entre los muertos con un cuerpo glorificado y apareció a sus discípulos como la persona que estaba con ellos antes de ser crucificado. Ascendió a los cielos y ahora está exaltado a la diestra de Dios el Padre, siendo el único Mediador entre Dios y los hombres, ya que tiene naturaleza divina y humana. Jesucristo volverá con poder y gloria para juzgar al mundo y para finalizar su misión redentora; mientras tanto mora en todos los creyentes como Señor y Salvador.

DIOS EL ESPÍRITU SANTO: El Espíritu Santo es el Espíritu de Dios. Él inspiró a unos santos hombres de la antigüedad para que escribieran las Escrituras. Él capacita a los hombres para que entiendan la verdad, convence de pecado, de justicia y de juicio. Llama a los hombres para que acudan al Salvador, efectúa la regeneración y exalta a Cristo. El Espíritu Santo conforta a los creyentes y les otorga los dones espirituales con los que la iglesia es edificada. Preserva al creyente hasta el día de la redención. Su presencia en el cristiano garantiza que Dios conducirá al creyente hacia la madurez espiritual. Ilumina y da poder al creyente y a la Iglesia en la adoración, la evangelización y el servicio.

Creemos que, según las Escrituras, el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios a quien ha de obedecer. Pero nuestros primeros padres (Adán y Eva) pecaron desobedeciendo a Dios, quedando sometidos o expuestos al juicio divino. El pecado produce la separación entre Dios y el hombre y arrastra a éste hacia la condenación, sin que pueda alcanzar la salvación por sus propios méritos, ni por sus propias obras.
Creemos que, según las Escrituras, la salvación significa pasar de muerte a vida; es decir, pasar de estar espiritualmente muerto y condenado a causa del pecado, a tener vida: Una nueva vida eterna con CRISTO, primero aquí en la tierra y, luego, tras la muerte física, en los lugares celestiales. La salvación supone la reconciliación con Dios, y se obtiene mediante el arrepentimiento sincero y la fe (genuina o auténtica) en el Señor Jesucristo y en su obra redentora e intercesora. En su sentido más amplio, la salvación comprende la justificación, la regeneración, la santificación y la glorificación.

Justificación – Creemos que la justificación es un acto de Dios y un estado del cristiano. En el instante en que el pecador arrepentido acepta por la fe la gracia divina, que nos es ofrecida en la expiación vicaria de Jesucristo en la cruz, pasa a estar justificado, es decir, es declarado justo delante de Dios y liberado de Su ira y de la condenación eterna, que por su injusticia merecía, recibiendo en su lugar los beneficios de la salvación obtenida por Jesucristo.

Regeneración – La regeneración es el nuevo nacimiento en Cristo Jesús que se produce por obra del Espíritu Santo, y constituye el comienzo de una vida nueva caracterizada por la obediencia al Evangelio y los frutos del arrepentimiento y la fe.

Santificación – La santificación es un proceso que comienza con la regeneración y concluye en la glorificación. Mediante la santificación, los creyentes van siendo perfeccionados por el Espíritu Santo siguiendo el modelo de Cristo, y son capacitados para hacer la voluntad de Dios, conforme a los propósitos divinos.

Glorificación – La glorificación es la culminación de la salvación y la participación de la gloria eterna de Cristo: un estado gozoso, final y permanente de los redimidos.

Creemos que, según las Escrituras, los redimidos en Cristo, o sea los nacidos del Espíritu, no apostatarán de la fe, sino que perseverarán hasta el fin. Esto distingue a los verdaderos creyentes de aquellos que superficialmente hacen profesión de fe; pues los cristianos auténticos son guardados por Dios y nada ni nadie les podrá separar del amor de Dios en Cristo Jesús.
Creemos que, según las Escrituras, la Iglesia fue fundada por Jesucristo, que es la cabeza de la Iglesia.
Que cada iglesia local está formada por quienes públicamente han confesado a Jesucristo como su Salvador y Señor, dando testimonio de su fe en Él y manifestando su compromiso con la propia iglesia por medio del bautismo.
Que las iglesias locales son cuidadas y dirigidas por CRISTO (cabeza de la Iglesia) a través de sus miembros, siendo éstos capacitados, según los dones espirituales, como pastores, maestros, diáconos, etc., para la edificación del Cuerpo de Cristo.
Que la administración de cada iglesia es responsabilidad de todos y cada uno de sus miembros.
Que los fines de la iglesia son la adoración a Dios, la proclamación del Evangelio, la enseñanza de las Escrituras, la comunión de sus miembros, y el servicio a los demás.
Y que los medios con que cuentan las iglesias para el cumplimiento de sus fines son tanto materiales como espirituales: los materiales vienen mayormente de las ofrendas de los miembros (diezmos y ofrendas); y los espirituales están constituidos por la gracia de Dios, la presencia de Cristo y los dones del Espíritu Santo.
Creemos que, según las Escrituras, las dos únicas ordenanzas dadas por Cristo a la iglesia son el bautismo y la cena del Señor:

1. El Bautismo. Creemos que, según las Escrituras, el Bautismo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo sólo ha de administrarse a quien ya profese fe personal y genuina en JESUCRISTO, practicándose por inmersión en agua para simbolizar la muerte a la vieja naturaleza o vieja vida y la regeneración interior hacia una nueva vida en comunión con Cristo y con la Iglesia. El Bautismo es un requisito para participar de la cena del Señor y de los derechos y obligaciones como miembro de la iglesia.

2. La Cena del Señor. Creemos asimismo que, según las Escrituras, la institución de la Cena del Señor es otra ordenanza que han de practicar los miembros de la iglesia, tras un detenido examen de conciencia y arrepentimiento en su caso, tomando pan y vino después de dar gracias a Dios. El pan y el vino no imparten gracia, sino que simbolizan o representan el cuerpo y la sangre de CRISTO, entregado y derramada respectivamente para la remisión de los pecados de toda la humanidad. La celebración de la Santa Cena constituye un testimonio de fe, y un acto de proclamación de la muerte redentora y de la resurrección gloriosa del SEÑOR hasta su segunda venida.

Creemos que, según las Escrituras, cada primer día de la semana debemos de congregarnos para dar culto a Dios, proclamando y celebrando la resurrección de Cristo.
Creemos que, según las Escrituras, Cristo regresará a la tierra de una manera imprevista, personal y visible en gloria y que, seguidamente, habrá un juicio final. Y el SEÑOR pondrá a unos a su derecha, para que disfruten en el cielo de la gloria celestial, y a otros, a su izquierda para condenación eterna en el infierno.

PRINCIPIOS BAUTISTAS

Este es el principio supremo en toda la experiencia cristiana. Envuelve a los creyentes totalmente y tiene dominio sobre otro cualquier aspecto de la fe y de la práctica. Jesucristo es el único que ha recibido la autoridad de Dios Padre y ha sido investido de soberanía, tanto en los cielos como en la tierra. Por ello tiene la preeminencia absoluta sobre todo lo creado. No hay otro nombre dado a los hombres. Jesucristo es el Señor.
Admitiendo a Jesucristo como el Señor y Maestro, es necesario tener la mejor información en cuanto a Su voluntad expresiva para llegar a ser buenos súbditos de Su reino. Cada creyente crece en gracia a medida que crece en conocimiento de Jesucristo. En la Palabra de Dios encuentra la fuente inagotable de inspiración cristiana. Es con ella donde examina su conciencia y donde forja su carácter y su personalidad.
La palabra de Dios saca al individuo de toda conexión humana y lo pone en relación directa con Dios por Jesucristo, para luego volverlo a sus respectivos contactos sobre la tierra santo y útil. El Estado, iglesias, instituciones o personas, por respetables que sean, deben ponerse a un lado para que el alma acuda directamente al llamado de Dios. El Cristianismo, en su más prístina concepción, es la realización de la vida espiritual por un individuo por medio de la fe personal en Jesucristo, su único y suficiente Salvador.
Este es el camino adecuado para que los creyentes crezcan y sean responsables. La Santa Biblia es para el pueblo y éste puede y debe entenderla. La promesa del Santo Espíritu que guía a toda verdad y recuerda los dichos de Jesucristo, está en pie, no para unos cuantos, no para una clase de gente, sino para todas las criaturas de la Tierra. Dios no hace acepción de personas.
Desde el punto de vista espiritual, todos los miembros de una iglesia tienen iguales prerrogativas, derechos y obligaciones. El ejercicio del gobierno por la congregación exige, por su naturaleza, conocimiento y sabiduría. No es cristiano poner la administración de una iglesia en la ignorancia sino en el saber. En la iglesia, los creyentes son los que gobiernan, por lo que es necesario que estos se instruyan y se ejerciten, poniendo sus dones a los pies de Jesucristo, único que puede ayudarles de las necesidades de gobierno y existencia.
La Iglesia de Jesucristo no necesita el sostenimiento del poder civil. l oda intervención en este sentido no es protección sino piedra de tropiezo para los fines cristianos. Tal cosa crea profesantes pero no creyentes. Solo las nietas conseguidas por el evangelio y el amor de Jesucristo tienen la bendición de Dios. La iglesia debe ser sostenida y proyectada por los hombres y mujeres que han entronizado a Jesucristo en sus vidas, sin ningún otro compromiso.
Somos conscientes del respeto y obediencia debidos a las autoridades de la nación. Este acatamiento es compatible con la fe y principios proclamados. Entienden que deben dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.
Deseamos y promovemos, para todos los hombres, la completa libertad religiosa. Estimamos que la tolerancia religiosa es mera concesión del gobernante, pero que la libertad religiosa es el don de Dios al hombre. Es su derecho más elevado y debe ser respetado. Nuestra actitud, en relación con la libertad religiosa, como ciudadanos y cristianos, es una actitud consecuente, edificante y digna.
Las iglesias deben ser sostenidas por sus propios miembros. La entrega generosa y gozosa de los diezmos y ofrendas como parte del culto a Dios es reconocer la soberanía del Creador en sus vidas, en la Tierra y su plenitud, en el mundo y en los que en él habitan; por tanto, cada creyente debe ser un inteligente mayordomo de cuanto es y tiene. Los cristianos están llamados a rendir cuenta de su mayordomía a Dios quien es dueño absoluto de todo.
Cada creyente y cada iglesia debe tomar la responsabilidad de proclamar la salvación por Jesucristo en el inundo como si fuera el único creyente o la única iglesia para hacerlo. Reprobamos el proselitismo, esto es, el conseguir adeptos por coacción de conciencias. Nos sentimos deudores de evangelizar, llevar el conocimiento de Jesucristo a toda criatura. Esto lo realizaremos siempre, en todo tiempo y en todo lugar por medio de la palabra y por la conducta de la vida cristiana. Comenzando en la familia, siguiendo en la vecindad, en la ciudad, en la patria, hasta lo último de la tierra.
Las iglesias son locales autónomas, sosteniéndose de sí misma y expresándose de sí misma. Ninguna está por encima ni por debajo de otra. Sin embargo, para conseguir las metas institucionales y promover la obra misionera, desarrollamos la interdependencia de las iglesias. Unidos fraternalmente y ofreciendo cada iglesia su cooperación voluntaria se logran fines propuestos a través de los organismos creados por la asociación de las iglesias en los planes regionales, nacionales, continentales y mundiales.
Celebramos un culto a Dios en armonía con la sencillez que se desprende del Nuevo Testamento procurando, dentro de ésta, conseguir vitalidad, reverencia, dignidad y unidad en pro del máximo aprovechamiento espiritual y de un experiencia real en el culto cristiano.
Nos sentimos felices de vivir en buena vecindad con los hermanos de otras confesiones cristianas. Procuramos cultivar con ellos un compañerismo. La unión espiritual y- fraternal con los verdaderos creyentes en Cristo es una realidad. Tal unión y comunicación es más íntima y persistente que la que resulta de las fórmulas y combinaciones eclesiásticas. Nos sentimos hermanos de todos los que aceptan a Jesucristo como único Señor y Salvador.